LAS MENTES DIGITALIZADAS DEL SER POSTHUMANO

LAS MENTES DIGITALIZADAS DEL SER POSTHUMANO

Según las teorías futuristas, el posthumano ya no será un ser humano en el sentido biológico. Incluso se habla de una inmortalidad que viva para siempre en un software. La idea no es nueva. Ya fue considerada por el austriaco experto en inteligencia artificial Hans Moravec en su libro Mind Children: The Future of Robot and Human Intelligence, escrito en 1988. Mientras investigaba sobre robótica para la NASA y el Ejército estadounidense, imaginó la posibilidad de leer toda la información inserta en las neuronas de un ser humano, copiarla y subirla a un ordenador.

La propuesta de Moravec es impactante porque todavía no existe un procedimiento para volcar la totalidad de la mente, conciencia incluida, a ningún formato. Otros pioneros de la filosofía tecnológica han reformulado el concepto en el sentido de mejorar la mente, liberándola de las limitaciones de un cerebro que degenera y muere.

La idea de guardar las memorias y la identidad y subirlo a la Red es de las más rompedoras del transhumanismo. Y no son pocas las mentes biológicas que buscan la manera de convertirse en digitales, lo que no es más que otra muestra de la clásica ansia humana de perpetuarse en el tiempo, de alcanzar la inmortalidad. Actualmente, hay quienes buscan convertir sus mentes en sistemas digitales, separarlas del hardware corrupto que es su cuerpo de carne y hueso. Esto permitiría hacer copias de seguridad que servirían para reiniciar el “sistema” en caso de que el cuerpo físico tuviera problemas graves, como enfermedades u operaciones. De este modo, si algo saliese mal o fallase siempre quedaría guardado lo más importante del ser, y podría volcarse en un nuevo sistema.

Durante la exploración de borrado de memoria, se descubrió que los recuerdos quedan de alguna manera almacenados en grupos de neuronas, y si éstas se activan, se pueden rememorar. Lo que sugiere que existe una posibilidad real de escanear los recuerdos, lo mismo que otras informaciones psicológicas almacenadas físicamente en las neuronas, y hacer una copia digital de todos ellos.

Por otro lado, algunas investigaciones van en la línea de copiar una mente mediante interfaces y prótesis neuronales. En este sentido, una opción sería copiar la actividad neuronal con los conocidos chips biomiméticos, los cuales copian y reproducen respuestas a estímulos químicos y mecánicos de los órganos con el fin de ser analizados en laboratorio.

Dado que se desconoce el funcionamiento completo del cerebro, es inviable realizar una lectura correcta de las reacciones a los estímulos del biochip, y muy seguramente habrá que esperar a que la inteligencia artificial (IA) descifre por completo los secretos del cerebro antes de ni siquiera plantearse su reproducción.

Por el momento, el conocimiento sobre la actividad neuronal apenas permite descifrar emociones y sensaciones, o, experimentalmente, descifrar alguna palabra. Este desconocimiento implica que, por mucho que se pueda copiar la actividad neuronal, falta la parte más importante: cómo de la actividad bioquímica del cerebro surge el pensamiento y la consciencia.

El simple humano es cosa del pasado

La realidad es que los humanos llevamos milenios volcando nuestra mente mediante la escritura, que ha sobrevivido siglos en el tiempo y el espacio. En el nuevo contexto, la diferencia sería meter la mente consciente del escritor en el libro y que fuese él quien relatase su obra. ¿Podemos imaginar abrir un libro de Aristóteles y que fuese la propia mente del filósofo griego quien nos lo contase y que encima pudiésemos interactuar con él? Sin duda, una experiencia interactiva tan estimulante como inquietante.

Las cuestiones que surgen son de toda naturaleza, incluidas legales. ¿Cuántas copias se podrían hacer de una mente? En el ejemplo de Aristóteles, ¿En cuántos de sus libros estaría su mente? ¿Con cuántas personas podría interactuar? Y muy importante, ¿Quién podría acceder a ese conocimiento privilegiado? ¿Sólo una élite? (lo que le permitiría todavía ejercer una posición más dominante sobre el resto de la población) ¿O cualquiera podría disfrutar de ello, con independencia de su situación social y económica?

Por otro lado, una vez que la mente se digitalizara, no habría nada que impidiera su reproducción masiva, lo cual generaría no pocos problemas de identidad. Si la mente tiene un sistema de aprendizaje, es de suponer que una mente también digital seguirá aprendiendo, pero si lo hace desde diferentes y consecutivas copias ¿cambiaría este aprendizaje la identidad? ¿Sería la solución guardar la mente original en un servidor que recibiera actualizaciones de las copias de la mente esparcidas por el espacio?

Ilustración de la obra ciberpunk "The Future is Now", de Josan Gonzalez.

La propuesta de mente digitalizada permite a ésta seguir viva más allá de su relación con el cuerpo, es la inmortalidad de la mente consciente. Al entrar esta idea en el terreno metafísico de la religión y el alma, muchos teólogos reflexionan sobre las posibilidades, ventajas y peligros del transhumanismo radical. Esta aspiración transhumanista se enmarca en la ciencia ficción ciberpunk, la transgresión más radical al dualismo mente-cuerpo desde la aparición de la idea de una relación cuántica entre ambos.

Todavía no hay un consenso sobre cuál es el método de transmisión de información y experiencias a la mente digitalizada. Para algunos, la mente digitalizada necesitará un sensor externo que le permita recibir información del exterior, como si fuesen prótesis cerebrales que captaran información del exterior y la tradujeran en bits. De hecho, ya existen este tipo de prótesis. Por ejemplo, las que permiten que personas vean gracias a una prótesis que recibe la información visual del exterior; otras posibilitan tener tacto en las extremidades artificiales. No obstante, esta solución limita de nuevo la mente a un objeto exterior susceptible de deterioro[1].

Sigue siendo necesario imaginar cómo estas mentes se van a comunicar con el mundo exterior, lo mismo que cómo se van a relacionar las mentes digitales con otros elementos digitales.

Dependiendo de cómo se enfoque el concepto de subir una mente a la Red, se extraen diferentes conclusiones, pero, visto el tiempo que pasan muchas personas enganchadas a internet, podríamos decir que, de una manera experimental, ya está sucediendo. En nuestras vidas cotidianas, cada vez más artilugios tecnológicos están diseñados para eliminar la barrera entre la mente biológica y el producto digital. Esta nueva propuesta simplemente va un paso más allá, sustrayendo la mente del cuerpo para convertirla en un código binario.

Los que abogan por esta tendencia tienen una visión extremadamente negativa del cuerpo terrenal, y pretenden convertirlo en una simple carcasa temporal que sirva para gestar la mente hasta que se la pueda trasladar a su soporte eterno. Y si no fuera porque todavía no han dilucidado cómo van a gestionar su relación con el mundo terrenal, seguramente ya habrían pasado de la ecuación filosófica a la práctica.

No podemos olvidar que separar la mente del cuerpo es aislarla también del cerebro, de todo su sistema bioquímico y bioeléctrico, el cual es la base de nuestras emociones y sentimientos. Dicho de otro modo, la nueva mente carecería de sensación de placer o percepción de peligro.

¿Cómo se puede llegar a suplantar un elemento orgánico tan vital para la mente? ¿Cómo van a materializarse sus emociones, estados de ánimo o procesos cognitivos? La cuestión principal que surge de esta digitalización de la mente es si el resultado obtenido tendrá algo que ver con un ser humano. Si al final esa mente “subida” no será una máquina, o cual será la diferencia con una mente de IA programada para tener conciencia y para aprender de su experiencia y entender conceptos abstractos.

No hay todavía tecnología suficientemente avanzada como para simular el cerebro humano, con lo que copiar una mente humana en un soporte digital no solo es imposible, sino que, si se pudiese, significaría meter a una mente en una máquina considerablemente más imperfecta que un cerebro, lo que sería un claro retroceso de las capacidades de pensamiento. La mente humana responde a parámetros biológicos que no se pueden reflejar en un ordenador. El determinismo causal de la informática binaria no puede reflejar conceptos retóricos o estructuras de pensamiento alejadas de una cuadricula causa-efecto. Muchas de las líneas de pensamiento del ser humano darían “error” al intentar reproducirse en un sistema operativo, no se hallarían caminos para enlazar abstracciones metafóricas.

Incluso si se llegase a copiar una mente, insertarla en un ordenador implicaría la existencia previa de un software de IA que permitiera reconocer y reproducir pensamiento abstracto. Sería necesario un sistema operativo especial para siquiera pensar en vincular el pensamiento humano con la ejecución de un programa. Un ordenador no podría reconocer como válidas las irracionalidades que suele tener la mente humana, ni su dependencia de la química emocional que condicionan el proceso cognitivo de las situaciones. Los condicionantes psicológicos de la mente que dan sentido a una situación, chocarían con el determinismo computacional.

Puede que copiar el funcionamiento de una mente no sea la solución y que se encuentre una vía alternativa para desarrollar capacidades mentales superiores con otros parámetros de funcionamiento. En este sentido, hay quien busca la analogía de la vida animal con la artificial, poniendo el ejemplo de los aviones han superado la capacidad de vuelo de los pájaros en muchos aspectos, como la velocidad y la altura.

Los Simpson digitalizaron la mente de Homer en el capitulo “Days of Future Future”, del 2014.

La esperanza de quienes desean digitalizarse para siempre no reside en la copia tecnificada de la mente humana, sino en un sistema que amplíe las capacidades biológicas sin importar el diseño empleado. Lo único que persiguen son soluciones a las taras de “nuestros brutalmente lentos neurotransmisores químicos, corrientes iónicas y diseños neuronales, construidos por millones de años de evolución”, asumiendo que la “IA usará la ingeniería electrónica o redes neuronales fotónicas que operen un millón de veces más rápido” [2].

Es indudable que se puede encontrar un sistema artificial de pensamiento más perfecto, ajeno a los comportamientos condicionados por los sesgos cognitivos humanos, pero no es fácil comprender la idealización que se ve en la literatura cíborg por la máquina en detrimento de los organismos vivos. A pesar de todas las complejidades y limitaciones, algunos investigadores opinan que el proyecto puede ser factible en dos o tres décadas, y analizan la relación entre el desarrollo de la inteligencia artificial y las neurociencias[3].

Desde el momento en que la inteligencia artificial cree máquinas que funcionen como un cerebro, se intuye que una mente pueda vivir en una de ellas. La máquina significa precisión, resistencia y longevidad, pero estos atributos también se pueden modificar en el ser humano mediante la biotecnología, manteniendo la complejidad y las ventajas del diseño natural.

Algunos idealizan de tal manera a la máquina que quieren trasladar su consciencia biológica a un artilugio mecánico que depende de la electricidad como el ser humano lo hace del oxígeno. Pero antes de poner en práctica esta fobia a la biología, han de desarrollar maquinaria artificial que sea capaz de soportar las capacidades biológicas, y, hoy por hoy, todos los soportes a los que se podría subir una mente no harían más que limitar sus funciones. Con una amalgama de sinapsis eléctricas, la mente digital carecería de vida emocional.

La extensa literatura futurista propugna despojar a la mente de la limitación que supone el cuerpo y que, además, sobreviva a su soporte orgánico. Y es esta es la cuestión de fondo: encontrar una inteligencia postbiológica. La principal pugna entre teóricos y filósofos futuristas se libra por la disyuntiva de mejorar la biología o superarla por completo. Y seguramente se abra una tercera opción: un futuro mental dual que dependa, en cada caso, de las necesidades requeridas para cumplir con las tareas asignadas. De lo que no hay duda es que el futuro de la inteligencia humana, y su biología, pasará, de una u otra manera, por un proceso de mejora. El mundo futuro no será apto para personas sin potenciaciones.

A lo largo de la historia, la imaginación, cuando no la casualidad, ha sido el factor determinante para hacer avanzar la ciencia. La ciencia ficción ha marcado las pautas de muchos científicos, y los teóricos futuristas son los que ahora están indicando el camino de las investigaciones. Las diferencias entre biologistas y postbiologistas dividen el avance de la ciencia en dos direcciones, aunque ambas convergen en ciertos intereses.

La NASA ha visto como la exploración espacial se puede realizar bien mediante IA capaz de tener pensamiento abstracto y conceptual, o bien a través de un transhumanismo postbiológico que sea útil para colonizar otros planetas. Esto significa que se podrán enviar al espacio mentes digitalizadas o máquinas de IA al tiempo que se usan cíborgs para la colonización planetaria.

Tan grande es la fe que tienen algunas personas en que en un futuro podrán guardar su mente en un pendrive, subirla a un soporte digital y viajar por el cosmos, que estarían dispuestas a experimentar con métodos que pusiesen en peligro su vida biológica, aunque no tuvieran la certeza de lograrlo. Esa fe se puede ver incluso en el ámbito empresarial. Compañías enfocadas al turismo cósmico esperan vender tours espaciales a los primeros transhumanos con capacidad para sobrevivir en el espacio[4].

Aún queda mucho que escarbar

Si bien siempre ha habido inventos tecnológicos o descubrimientos científicos que han hecho progresar a la humanidad, nunca se había propuesto un cambio tan radical que supusiera dejar atrás el concepto de vida tal y como lo conocemos. Las estimaciones menos optimistas establecen en finales del siglo XXI la fecha para conocer los más mínimos secretos del cerebro y su relación con el pensamiento, pero, sea cuando sea, de lo que no hay duda es de que el día en que se aísle un pensamiento o un recuerdo, será cuando se cree una copia sintética.

Lo cierto es que en la actualidad todavía no se conoce ni qué es ni cómo se genera el pensamiento o el recuerdo, verdaderos misterios de la ciencia, aún a pesar de saberse como inocularlos, manipularlos y borrarlos. Solo el hecho de encontrar en el cerebro la materia del pensamiento, acabaría de dar respuesta a la eterna cuestión sobre la relación entre el cuerpo y la mente. Así, se desvelaría la manera en la que los pensamientos se generan y su vía de transmisión. Se sabría por qué cada cerebro genera diferentes pensamientos, y por qué algunas ideas son aceptadas incluso siendo totalmente irracionales. Ni siquiera la neurociencia consigue hoy día explicar cómo las neuronas procesan, forman, almacenan, dinamizan y recuerdan información.

Conseguir dar respuesta a ese enigma es de vital importancia para el desarrollo futuro del ser humano, pues demostrar que mente y pensamiento son un ente único, con la electroquímica del cerebro produciendo partículas de pensamiento, haría que la biotecnología fuera una opción transhumanista.

En la película Memento, el personaje principal, Leonard, es incapaz de almacenar nuevos recuerdos. Las nuevas tecnologías le podrían haber ayudado a recuperar su capacidad retentiva.

Si, por el contrario, se descubriera que la mente es un ente diferenciado del cerebro, cualquier opción postbiológica sería adecuada para mejorar las capacidades y para aumentar la longevidad. La idea de un universo explorado por mentes postbiológicas que no dependan de nutrientes ni de sinapsis químicas significaría un giro copernicano en la relación con el universo. Por el momento, de lo único que hay certeza es de las relaciones de la bioquímica del cerebro con las emociones, las sensaciones y los sentimientos.

Sustraer la mente de un cuerpo es algo que se puede proponer, difícilmente teorizar y quiméricamente realizar. Pero, por fantasioso que parezca, el proyecto ya está en marcha.

En la imperfección humana reside la belleza

La teoría de la mente “subida” no explica cómo se realiza tamaña operación, ni cómo la mente tiene diferentes estados de ánimo, ni tampoco cómo reacciona emocionalmente ante diferentes estímulos.

Lo cierto es que no ha habido grandes avances en las últimas décadas en este sentido. Sigue sin haberse consensuado una definición de mente y se desconoce de qué manera se almacena el conocimiento en el cerebro. Por otro lado, una teoría dualista que sostuviese que la mente no está compuesta de materia, que es atemporal y que es un todo indivisible, daría pie a investigar su naturaleza fuera del mundo físico, abriendo frentes muy diversos dentro de la metafísica.

Por el momento, se sabe que los estados de consciencia están relacionados con actividades electroquímicas del cerebro, qué cambios químicos se producen con diferentes sentimientos y qué ondas cerebrales priman según los estados de consciencia. Estas correlaciones o dependencias hacen suponer que la consciencia surge de un sustrato biológico, aunque puede que el fruto final no sea bilógico, como hasta ahora se conocía.

La consciencia es un elemento desconocido hasta la fecha, pero, paradójicamente, es lo que nos ha permitido descubrir la restante gama de elementos de que disponemos en la Tierra. Es lo que intenta explicarnos la emergente teoría de la mente: que la mente es un producto de la biología natural pero que se desconoce el resultado final. Tanto esta teoría como la unitaria rechazan la idea de una posible transcendencia mental, y vinculan la existencia de la mente a la de un soporte biológico. Por otro lado, la teoría dual sostiene que puede existir la mente más allá del cuerpo. El futurismo ciberpunk adopta esta tesis, pero no quiere dejar en manos de un demiurgo o del destino su continuidad, y lucha conseguir la transcendencia por métodos artificiales.

Mapa frenológico de las áreas cerebrales en correspondencia con las funciones mentales.

Desde innumerables perspectivas científicas se ha estudiado el cerebro, su actividad, nutrientes, químicos, ondas; pero no ha llegado el día en el que exista un sólido cuerpo doctrinal, universalmente aceptado, que explique la naturaleza y características de la mente. El detallado conocimiento de la mente es clave para muchas disciplinas científicas, pues su carencia complica definir la realidad que experimentamos, o la propia existencia. La mente, la consciencia, es el elemento desconocido que diferencia un simple sistema orgánico (o inorgánico) de un ser humano, o de un animal consciente.

Podríamos decir que la realidad es una construcción estratificada de elementos que surgen en el ámbito físico, llegan a la biología y acaban en la mente. Dicho de otro modo, la realidad formaría una cadena de elementos que, surgiendo de los atributos de la física, pasarían a través de la biología para acabar siendo percibidos por la mente, como el dolor producido por un golpe o el sabor de un fruto[5]. Siguiendo esta lógica, la fractura de un eslabón, como una enfermedad de la parte biológica, altera la percepción que tiene la mente del mundo exterior. Así, una persona con problemas neurodegenerativos no percibiría de una manera objetiva el mundo físico.

Las neurociencias han demostrado sobradamente la íntima relación existente entre la biología humana y su producto mental. Pero la neurociencia sigue estancada en las relaciones electroquímicas, pues, aunque sea posible monitorizar la actividad neuronal al instante, todavía no se ha podido aclarar que es la consciencia; no obstante, es esta disciplina la que debe establecer el punto de unión entre neuronas y consciencia, aunque después pase el testigo a otras disciplinas.

Pero antes de que este relevo tenga lugar, se precisa conocer la totalidad de los elementos que se activan para crear la consciencia, el pensamiento; el eslabón biológico debe estar bien definido y explicado. La consciencia es la cúspide de la biología, el elemento que permite a ésta interactuar con el entorno, procesar la información recogida por los órganos del cuerpo y el sistema nervioso; es el centro de mando de toda la maquinaria biológica. La mente nace y evoluciona con el cuerpo, pero no tiene por qué limitarse o subyugarse a él.

Los filósofos de la mente son exploradores que se adentran en territorios vírgenes en los que se encuentran con nuevas formas de conocimiento que intentan relacionar con el conocimiento científico, abriendo nuevos caminos por donde la ciencia pueda adentrarse.

Cuando se pensaba que la metafísica había quedado superada por el método científico, nos topamos de nuevo con ella para encontrar fórmulas de entendimiento entre la física de las neuronas y el abstracto concepto de mente. ¿Y si la mente fuera una unidad divisible de la biología, pero dependiese de ella? ¿Cuál es la relación de dependencia de la mente con el cerebro?

Por el momento no hay constancia de que la mente sea un elemento biológico, y ni siquiera está demostrada su existencia en el mundo físico, al no haberse podido aislar y analizar. ¿En qué parte del cerebro buscamos y reproducimos el rostro de un ser querido? ¿Dónde encuentro los buenos momentos pasados? Son preguntas sin respuesta, porque, a pesar de saber las zonas del cerebro donde se activan las neuronas, y las sinapsis químicas que surgen al recordar, el recuerdo es sí no es tangible.

Esa es la razón principal por la que las ciencias naturales han rechazado el estudio de la mente, quedando relegada a especulaciones filosóficas.

La naturaleza de la mente pude tener relación con la parte física biológica, pero es la mente la que da órdenes al cuerpo; cualquier práctica aprendida es ejecutada desde nuestra mente hacia el exterior, usando al cuerpo como elemento actuante. La mente actúa sobre el cerebro, y éste en el cuerpo.

Esto implica que la mente, en su libertad de actuación, afecta a la materia biológica, fuerza que no posible de explicar por las leyes físicas conocidas.

Desde hace varias décadas se intenta explicar la relación cuerpo-mente mediante la mecánica cuántica, una aproximación que cuestiona todas las creencias previas, como la pitagórica, en cuanto a que la realidad se pueda explicar en términos matemáticos abstractos o que todo hecho físico tiene una explicación en la causalidad mecánica, proponiéndose así una relación diferente entre la mente y la materia[6]. Una vez en el mundo cuántico, la realidad ya no es un concepto lineal, y se abren muchas interpretaciones probabilísticas sobre lo que implica la interacción.

En cualquier caso, la incapacidad del ser humano para explicar lo más característico de su existencia, la consciencia, no impide que se puedan manipular los elementos de la ecuación, desde la psicología a la química. Después de todo, emplear maquinaria que no entendemos es algo que la mayoría de nosotros hacemos todos los días: conducimos un coche, pero sin saber cómo funciona; o utilizamos el software de un ordenador sin entender la estructura del hardware.

En el ámbito de la política, se ha estudiado ampliamente el concepto de mentalidad y sus vínculos con los factores culturales y biológicos. Cada estudio ha dado lugar a un patrón de comportamiento que permitía determinar modelos de conducta de diferentes sectores sociales. Desde tiempos remotos, se han aplicado técnicas de engaño, tretas psicológicas que condujesen a la población por el camino deseado. En los últimos años, estas triquiñuelas se han modernizado con la aplicación del conocimiento neurocientífico a la mente política.

Pedro Baños. Autor de “El Dominio Mental”.


[1] Lorrimar (2019)

[2] Broderick (2014)

[3] Koene (2014)

[4] Cohen y Spector (2019)

[5] Clayton (2004)

[6] Barros y Montemayor (2019)


Bibliografía

Barros, José Acacio de, y Montemayor, Carlos. "Where Does Quanta Meet Mind?." Quanta and Mind. Springer:55-66. 2019.

Broderick, Damien. "Introduction I: Machines of Loving Grace (Let's Hope)." Intelligence Unbound: Future of Uploaded and Machine Minds:1-10. 2014.

Clayton, Philip. Mind and Emergence: From Quantum to Consciousness. Oxford University Press. 2006.

Cohen, Erik, y Spector, Samuel. "Transhumanism and cosmic travel." Tourism Recreation Research:1-9. 2019.

Koene, Randal A. "Feasible mind uploading." Intelligence Unbound: The Future of Uploaded and Machine Minds:90-101. 2014.

Lorrimar, Victoria, “Mind Uploading and Embodied Cognition: A Theological Response”; Zygon 54.1:191-206. 2019

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2 comentarios sobre «LAS MENTES DIGITALIZADAS DEL SER POSTHUMANO»

  1. Esto tendra/ia muchisimas consecuencias de todo tipo. Creo que la principal, Coronel, es el incremento abismal entre ricos y pobres, entre temporales y eternos. Que vale una vida? Que puedes aprender si tu consciencia/mente/recuerdos se eterniza? Eso como se traduce en esta sociedad? O es para todos?
    Muy interesante e inquietante. Me parece mas sensato investigar la relacion cuantica entre cuerpo y mente, e incluso su relacion con la religion, y trascendencia

    Muchas gracias, Coronel

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