DERECHOS HUMANOS EN AFGANISTÁN ¿Y AHORA QUÉ?

Quixote globe - Human Rights AfganistanSe ha celebrado con tanto entusiasmo como preocupación un evento que propone impulsar la aplicación de los Derechos Humanos en Afganistán. Los conferenciantes exponían con esperanza la posibilidad de revertir la situación en la que se ha sumido el país tras la retirada de la coalición internacional. Fernando Moragón, consultor en geopolítica y geoeconomía, Felipe Debassa, catedrático de Historia Contemporánea y Mundo Actual de la Universidad Rey Juan Carlos, Jacques Cheminade, fundador del partido político Solidaridad y Progreso en Francia, y Muñoz, especialista en economía global y civilizaciones fueron los ponentes de la jornada. Todos coincidían en la incapacidad de la coalición de ejércitos de crear una estructura administrativa solida capaz de proteger los Derechos Humanos de la población. La situación al final no ha cambiado para los habitantes del país, sino que ahora se enfrenta a nuevos retos que van a quedar marcados para siempre en su imaginario colectivo.

A día de hoy es complicado hablar de Derechos Humanos y de Afganistán. Para ser sinceros, siempre lo ha sido. Es muy complicado encontrar en el último siglo algún actor político en el terreno que no haya violado los derechos fundamentales de alguna parte de la población. Siempre se encuentra una excusa para poder violar los derechos de los habitantes, principalmente porque no suele haber ningún ente político que recoja esos derechos y tenga instituciones y recursos para defenderlos. Violar los derechos humanos en mucha partes del mundo no es complicado, de hecho, es lo cotidiano. En gran parte del mundo no saben lo que son los derechos humanos, es un concepto abstracto para ellos. No tienen reconocidos, ni reconocen, derechos de corte occidental. Y cuando los poderes occidentales han ido a imponer los derechos humanos por las armas, el resultado ha sido peor… aunque al final siempre se haya sacado beneficio.

AFGHANISTAN quixote globeLa sociedad afgana ha estado en guerra continua muchas décadas, los habitantes no sabían ni lo que era la paz, ni la electricidad, ni el agua corriente. Era una sociedad a la que las permanentes pugnas por conseguir el poder la habían arrojado a una debacle en espiral. La dinámica era siempre la misma, un grupo armado financiado por poderes extranjeros derrocaba a otro grupo armado financiado por otros grupos extranjeros. En el transcurso, por supuesto, madres perdían a sus hijos, hijos a sus hermanos, vecinos a sus amigos… La sangre de la población afgana fluía en un ritual geopolítico de intereses espurios.

El 11 de septiembre del 2001, mientras los talibanes estaban entretenidos colocando adecuadamente el burka a las mujeres del pueblo, un avión penetraba en el corazón financiero de Nueva York impactando contra una de las torres gemelas. La mayor parte de la población de Afganistán no tenia televisión, y no pudo estremecerse junto a las sociedades de otras partes del mundo. Por no tener televisión siguieron con sus burkas y sus lapidaciones hasta que un día llegaron armados hasta los dientes una coalición de ejércitos que decían iban a buscar a un tipo que al final no estaba allí. De paso, decían, iban a quitar el burka a todas las mozas del pueblo. Durante veinte años ha estado la coalición de ejércitos peleando con los matones del pueblo para ver si se ponía o quitaba el burka a las mujeres. En un intento de de dotar de profundidad filosófica a la intervención militar, los medios de comunicación hablaban de una lucha por los Derechos Humanos.

Todas las eras del ser humano han tenido civilizaciones que han querido imponer su sistema filosófico, moral, religioso, y por supuesto económico, al resto de pueblos conocidos. Los pueblos florecientes que han creado civilizaciones rodeados de pueblos decadentes siempre han pensado que sus habilidades y creencias eran la piedra angular de la civilización humana, y que exportarla e imponerla a otros pueblos era una necesidad. Y en muchos aspectos tenían razón. El legado de un una civilización novedosa y pujante no siempre es negativo, más bien al contrario, puede tener elementos muy positivos para la sociedad receptora. El problema es cuando se exporta por la fuerza un sistema decadente. Es lo que le ha pasado a Afganistán, y es lo que han hecho los ejércitos libertadores; exportar decadencia a una sociedad ya decadente.

AFGHANISTAN quixote globeAl pueblo afgano le ha tocado pagar los platos rotos de un sistema de dominación mundial del que no sacaba beneficio para sí. La reconstrucción política y económica de Estados Unidos necesitaba un mito diabólico contra el que luchar, y los afganos tuvieron tan mala suerte que ese mito se ubicó dentro de sus fronteras. Durante veinte años los afganos han aprendido a golpe de bomba lo que significa ser libre y no estar oprimido. Durante veinte años han estado unos ejércitos que sabían de qué iba el juego cultivando opio y entrenando mercenarios, y durante ese tiempo ha estado el ejército español haciendo puentes y escuelas. Tan entregados eran en el ejército español que cualquier indocumentado con trapos rojos y amarillos era susceptible de ser evacuado de Kabul al retorno de los matones del burka al poder.

¿Y ahora qué? Al final los veinte años de libertad y prosperidad en Afganistán han sido una pesadilla dentro de una pesadilla.  La pactada retirada de las tropas extranjeras del país no ha creado un vacío de poder; el poder ya estaba cedido de antemano a los talibanes que otrora lo detentaron. Se ha desmantelado toda una administración de cartón piedra, se han cedido armas en la retirada, y se dado luz verde a un gobierno radical en las mismas fronteras chinas. Aunque puede que no sean los mismos radicales que se derrocaron en el 2001. Ahí están ahora los matones del burka reclamando su espacio en el sistema internacional. Este nuevo gobierno cuenta con un valioso aval; estos talibanes forman parte del elenco geopolítico de Facebook Y Twitter. El ex presidente de los Estados Unidos no puede tener una cuenta en redes sociales, pero los matones del burka pueden airear al mundo en sus redes sociales cuales van a ser sus restricciones de derechos sobre la población afgana. Cualquier malpensado puede sugerir que hay connivencia entre los talibanes y los poderes financieros globales. De repente en las fronteras de China y Pakistán se ha formado un gobierno fundamentalista que dice que quiere usar todas las herramientas del mundo moderno para retraernos a la edad de piedra. Es algo extremadamente esperpéntico como para ser una evolución natural de los acontecimientos. Y es algo de los que los países limítrofes deberían estar atentos, ya que es un polvorín que puede estallar en el corazón de Eurasia en cualquier momento.

En definitiva, los derechos humanos en Afganistán han de ser consensuados por el marco cultural del país, y defendidos por las instituciones surgidas de ese marco. Invasiones militares, grupos terroristas, y gobiernos talibanes son agentes patógenos que sirven a intereses extranjeros, no a los afganos. Es el seno de la población afgana quien ha de reconstruir sus creencias compartidas, quien ha de desarrollar capital social para defender sus creencias y su modo de vida, y es la población afgana quien ha de tener la oportunidad de constituirse como un pueblo unido. Desde fuera solo hay que luchar contra las injerencias extranjeras y aprender de cómo  una población agraviada y desestructurada por décadas resurge como el ave fénix. Es ahora cuando más hay que monitorizar los Derechos Humanos en Afganistán, es ahora cuando hay que impedir que la población afgana sea sufridora de los juegos de poder global. Este es el momento en el que el resto de países han de movilizar a su capital social con el objeto de impedir que se sus propios gobiernos sean participes de una de las mayores ignominias que están sucediendo en el tablero global.

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