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GENE SHARP Y LAS BASES SOCIALES FALSAS

La guerra clásica, entendida como el comienzo de las hostilidades entre dos estados y su posterior confrontación por parte de los ejércitos, se ha disuelto en un océano de nuevas formas de librar la guerra. En un mundo de guerra híbrida, nunca se sabe lo que hay detrás de cada evento social o incluso detrás de las catástrofes naturales. Desde la guerra de la información hasta la guerra cibernética hay innumerables maneras de atacar un estado sin recurrir a la confrontación militar abierta. Dentro de la guerra híbrida encontramos excelentes maneras de hostigar a un estado movilizando a la población contra su gobierno. Este tipo de tácticas de guerra es más económica y más discreta, pero no siempre útil. Para movilizar grandes masas de gente contra su gobierno podemos confiar principalmente en el trabajo de Gene Sharp, que investiga el camino para derrocar lo que él considera dictaduras o regímenes tiránicos. El politólogo estadounidense extrae en su trabajo una serie de manuales donde expone varias maneras de derrotar el poder político de un país sin tener que recurrir a métodos violentos. Las razones por las que el autor estadounidense se centró en este campo de estudio podrían ser loables, sin embargo, su trabajo ha permanecido como un recurso precioso en el arsenal de regímenes políticos de diversa naturaleza. Las tácticas de Sharp han sido aplicadas a múltiples eventos internacionales durante décadas, por gobiernos democráticos y no democráticos.

Sharp en su análisis del poder político sugirió que había consentimiento entre las estructuras del poder político y la población gobernada, por esa razón teorizó maneras de romper el consenso con tácticas basadas en movilizaciones públicas masivas. Por otro lado, Sharp señala que todas las estructuras políticas y administrativas tienen desacuerdos entre el personal ejecutivo o entre los departamentos administrativos, por estas razones el autor propone que las movilizaciones masivas de los ciudadanos deben tener como objetivo resaltar las fricciones entre las diferentes administraciones y los actores del poder político. El objetivo del trabajo de Sharp es romper lo que el estratega prusiano Carl von Clausewitz ya llamó en el siglo XIX La Trinidad, que es a groso modo la armonía entre las élites, el ejército y la población. Sharp asume que las demandas de cambio político no van a ser permitidas por el poder. También cree que el uso de la violencia por parte de guerrilleros o grupos terroristas puede endurecer la represión, también asume Sharp que un golpe de Estado puede fallar, igualmente que la protesta civil gradual puede tomar décadas; la solución para el autor es movilizar una quinta columna civil dentro del estado objetivo. El trabajo de Sharp se ha aplicado innumerables veces desde la década de 1970 en adelante, y en muchos otros casos, puede sospechar que también se ha utilizado.

Aplicar la obra de Sharp es relativamente barato; sólo se necesitan algunas bases sociales falsas pre-entrenadas y acceso a Internet para distribuir propaganda. Esta técnica de movilización se llama astroturfing. Es una táctica ampliamente utilizada por los lobbies de presión en todas las democracias de estilo occidental. A nivel político, por lo general es desarrollado por las agencias de relaciones públicas en conjunto con los servicios de inteligencia. Es esencial que la operación táctica sea generada por personal civil, preferiblemente con cualquier habilidad reconocida por la población nativa, como puede ser un actor, político o cantante popular. Este tipo de operaciones encubiertas no pueden ser ejecutadas por personal militar porque entonces sería un acto de guerra abierto. Ha habido múltiples revoluciones de color que fingieron ser una protesta legítima de la población nativa, cuando en realidad eran tácticas dentro de operaciones desarrolladas por terceros países hostiles. En Serbia, se estableció el movimiento Otpor (resistencia), que obligó a Slobodan Milosevic a salir del poder. En Estados Unidos surgió el movimiento Irán180, que, aunque afirmaba ser sólo una organización que defendía los derechos humanos para el pueblo iraní, se dedicaba a la realización de protestas callejeras en Irán mientras inundaba con propaganda anti-iraní los medios occidentales. En Ucrania, hemos visto la mundialmente famosa revolución Maidan, donde se podía ver a una multitud de streetfighters bien entrenados fingiendo ser pacíficos manifestantes, mientras derrocaban al gobierno de Victor Yanukóvich. Srdja Popovic había sido uno de los líderes del movimiento Otpor, ahora lideró la organización CANVAS (Centro de Acción y Estrategias No Violentas Aplicadas). Se supone que de esa organización preparan la logística de innumerables bases sociales falsas en todo el mundo; parece que las tácticas de Sharp han sido estandarizadas y universalizadas. La manipulación de los movimientos sociales es una de las formas recurrentes de guerra híbrida entre los estados. Es complicado analizar cuándo se crea y se alimenta una campaña desde el exterior, pero con los casos contrastados existentes siempre hay una duda razonable acerca de todas esas protestas masivas que parecen ser espontáneas. Recientemente hemos visto cómo las calles de Hong Kong estaban llenas de manifestantes bien organizados contra el proyecto de ley de extradición de China. El tiempo demostrará si estas protestas fueron una reacción instintiva de la población nativa, o si fueron financiadas y dirigidas por terceros actores que maniobraban desde la sombra. Se puede considerar la misma conclusión de cualquier otra protesta social espontánea en todo el mundo. Ya es difícil confiar en el retrato mediático

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